domingo, 1 de marzo de 2009

Si me relajo lo pierdo.


Ser tan distraído puede ser igual de malo, pues apenas uno cree que se está concentrando y quién sabe cómo y por dónde las ideas mueven a otro lugar donde uno no deseaba llegar. Será por eso que las mañanas de mis fines de semana se escurren tan velozmente: para cuando tengo un plan me doy cuenta que el tiempo ya no alcanzará.
Es una de tantas razones para escribir una bitácora personal, y por eso tengo la tarea autoimpuesta de concentrarme, aunque sea por un rato en algún tema en particular para desarrollarlo aquí y masticarlo poquito.

A veces siento que estas cosas me afectan más de lo que creo. Que si mi vida es tan veleidosa será porque nunca me concentro en ningún tema y por ende, juntando todos los temas en el cúmulo que conforma mi vida, seguramente que el resultado se multiplica tanto como todos los cabos que voy dejando sueltos.

De aquí deviene que no me decido si dedicarme al arte o a los negocios, si convierto mi habitación en una cueva gótica o en un altar a la naturaleza más brillante y verde, si escribir vale la pena o no, si me vuelvo fresa, punketo o bandero...

Da igual, de todas maneras ése no es el punto, volvamos al principio: Me pasa con la concentración como con el dinero, que si me relajo lo pierdo.

IMG: Quiero estar aquí pero en realidad estoy allá

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